En relación con el ensayo nuclear norcoreano: el fracaso de una política de soberbia
El reciente 9 de octubre, la Répública Democrática Popular de Corea (Corea del Norte) anunció la detonación de un artefacto nuclear bélico producido en esa nación. Si bien inicialmente, desde la comunidad internacional especializada en armamento nuclear, surgieron dudas respecto de la autencidad de dicha información (por su escasa intensidad, podría haberse tratado de un simulacro a base de explosivos convencionales), en los días siguientes esas dudas comenzaron a ser desechadas.
A partir del día 9 mismo y desde las más diversas fuentes, llovieron las condenas a la producción de armamento nuclear por parte de Corea del Norte. Nos unimos, por supuesto, a esa condena. Pero lo hacemos, reiterando, una vez más, nuestra fortísima condena a todos aquellos Estados que construyeron con anterioridad - y mantienen activos - sus arsenales nucleares: EE.UU. de N.A. (1945), URSS (49), Reino Unido (52), Francia (60), China (64), Israel (¿?), India (74) y Paquistán (98). Y de éstos, centramos nuestras críticas en los cinco primeros “Estados nucleares”, usualmente designados como “los 5 originarios”: EE.UU. de N.A, URSS, Reino Unido, Francia y China, naciones que, como es bien sabido, fueron triunfadoras en la II Guerra Mundial y - a partir de ello - dominan el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mediante su exclusivo poder de veto. Siguieron las detonaciones de artefactos nucleares por parte de India y Paquistán y, ahora, el anuncio de Corea del Norte. En cuanto a Israel, jamás admitió formalmente su calidad de “Estado nuclear”, aunque es muy probable que lo sea.
Hoy día, Israel, India y Paquistán son aliados de - o, como mínimo, mimados por -integrantes del grupo de “los 5 originarios”. ¿Cuánto tiempo habrá de pasar hasta que - utilizando los argumentos que fuere necesario esgrimir - Corea del Norte adquiera ese status? El mensaje es unívoco: “Hazte nuclear, que sólo entonces te respetaremos, …. aunque, hasta entonces, haremos (o aparentaremos hacer) todo lo posible para que no logres tu objetivo.” Pero aquellos Estados que se pongan en el camino, tratarán también de usar todos los artilugios posibles, en particular las rivalidades existentes entre los que ya lo recorrieron.
Los hechos demuestran que el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), cuya creación fuera impulsada por “los 5 originarios” para evitar que otros Estados adquirieran armas nucleares, ha fracasado estrepitosamente. Los responsables principales de dicho fracaso son, justamente, “los 5 originarios”: invocando a ultranza al TNP, continuamente han violado con fervor ardiente el mandato de su Artículo VI, el que, desde hace ya demasiados años, los obliga a ejecutar acciones conducentes al desarme nuclear mundial total que sólo concretaron mínimamente. Consideraron, con soberbia inaceptable, que podrían prohibir a todos los demás la adquisición de un poder de destrucción tremendo y, a la vez, retenerlo planetariamente en sus exclusivas manos por siempre. Pero no: no es que la actual probable nuclearización militar de Corea del Norte quizá induzca a otras naciones a seguir su camino: cada nueva infracción al TNP o nuclearización militar ciertamente inducirá nuevas proliferaciones (con, quizá, ahora Japón en primera línea).
El objetivo último de hoy y para el futuro no puede ser la imposible no-proliferación nuclear bajo el formato pretendido por “los 5 originarios”; tiene que ser - sin condicionamiento alguno - el desarme nuclear mundial total y su ulterior preservación. No podemos dejar a nuestros descendientes el mensaje de que “Hicimos todo lo posible para instrumentar el TNP ….. y fracasamos.” Debemos dejarles el de que “Hicimos todo lo posible para alcanzar el desarme nuclear mundial total y su ulterior preservación y …..” De nosotros y de nuestros hijos depende la conclusión de la frase. Uno de los caminos posibles a recorrer en pos de ese objetivo podría ser la creación de más Zonas Libres de Armas Nucleares. Éstas ya cubren todo el hemisferio sur (incluida la Antártida), el fondo de todos los mares y oceános, como también el espacio exterior a la Tierra y están comenzando a surgir en el hemisferio Norte. Pero también este proceso será inviable a menos que los actuales Estados nucleares comiencen a cumplir con los compromisos de desnuclearización que asumieron en el marco del TNP.
Cuanto más países posean armas nucleares (u otros tipos de armas de destrucción masiva), mayor será la probabilidad de que éstas sean usadas, y los resultados serían imprevisibles. Durante la Guerra Fría ya se han simulado los escenarios de una guerra nuclear total, y es evidente que ese no sería el fin de la vida sobre la Tierra pero ciertamente el de la humanidad tal como la conocemos - y queremos que sobreviva.
San Carlos de Bariloche, octubre 18, 2006
Grupo Bariloche para Ciencia
y Asuntos Mundiales